Tengo un sitio donde solo estoy yo, donde solo puedo entrar yo. Un lugar dibujado a mi modo donde soy capaz de sentirme en cada momento como necesito. Aquí no hay muros, no hay limites, no existen paredes ni tengo que esconder nada. Y la gran suerte de todo esto es que aqui puedo esconder lo que pienso, mis juicios, mi valoración, mis instintos y mis palabras. Tengo un cajón lleno de cosas que no puedo decir, y por suerte nadie escuchará.
Es mi mente, donde la realidad de fuera no cabe. Donde todo es un gran secreto en un cofre, cuya llave es mía y nunca será de nadie. Aqui opino lo que quiero, me rio, me compadezco, me identifico y deseo cosas imposibles. Aquí en mi mente, puedo decir lo que la gente no soportaría, lo que me haría parecer mezquino, cruel o injusto a los ojos de muchos. Yo soy el dueño de mis pensamientos, yo soy amo y señor de las palabras que no pronuncian mis labios. Esa es la gran suerte. Poder pensar lo que quieras, poder querer, decidir, anhelar, soñar, desear y opinar. En esta caja de secretos, de realidades irreales, de futuros y pasados.
Y he aprendido una lección para la vida. Mantener cerrada mi mente, no dejar que se escape nada, que no me traicione mi boca; pues como dice el refrán...
Soy dueño de lo que pienso, y esclavo de mis palabras...
Conclusión: Mejor pensar mucho y hablar poco...
viernes, 31 de mayo de 2013
martes, 28 de mayo de 2013
No me arrepiento
Cuanto mas tiempo pasa mas mira uno atrás y busca sentido a lo vivido. Ya no soy un adolescente, y he quemado un lustro de mi juventud. Y he pasado por una etapa en la que todos vivían para el disfrute al exceso, la fiesta sin fin y el desfase extremo. Bajo la crisis de valores queda la premisa de exprimir al máximo el ciclo vital en el que uno no es niño pero tampoco un hombre. Transfiriendo estereotipos e ideas que hacen del carpe diem un leitmotiv juvenil en el cual se ha de encajar para poder considerarte normal. Y ahora que ha pasado el tiempo digo con orgullo lo que durante un tiempo era una pequeña losa en mi conciencia... No soy normal... y menos mal.
Porque no me arrepiento de mi elección, la de alejarme de la embriaguez y la experimentación como argumento para validar mi madurez. Yo fui distinto, me sentí así, me alejé, sufrí con frecuencia por ello, por verme en otro punto, por pensarme un viejo dentro de un niño. Pero no me arrepiento, porque he crecido fuerte en mis convicciones, en mis razonamientos y planteamiento vital. No necesito experimentar lo que de sobra se como acaba. Del mismo modo que no tengo porque comerme el excremento de un perro para saber que no es una delicatesen. No me arrepiento de haberme perdido fiestas hasta el amanecer, o borracheras que acababan en la taza del wáter. No me arrepiento de no vivir a base de risas fingidas y amistades perecederas, de personas que se adoran y se necesitan con la misma velocidad que se olvidan en el tiempo. No me arrepiento de haber me perdido amores de un rato. Porque yo no me arrepiento de haber crecido y pensado de un modo distinto. Y si volviera a tener 18 años, volvería a elegir alejarme de lo que todos hacían, no por ser distinto a ellos, no por sentirme especial o raro... No me arrepiento de la única forma en que yo se ser feliz.
Porque no me arrepiento de mi elección, la de alejarme de la embriaguez y la experimentación como argumento para validar mi madurez. Yo fui distinto, me sentí así, me alejé, sufrí con frecuencia por ello, por verme en otro punto, por pensarme un viejo dentro de un niño. Pero no me arrepiento, porque he crecido fuerte en mis convicciones, en mis razonamientos y planteamiento vital. No necesito experimentar lo que de sobra se como acaba. Del mismo modo que no tengo porque comerme el excremento de un perro para saber que no es una delicatesen. No me arrepiento de haberme perdido fiestas hasta el amanecer, o borracheras que acababan en la taza del wáter. No me arrepiento de no vivir a base de risas fingidas y amistades perecederas, de personas que se adoran y se necesitan con la misma velocidad que se olvidan en el tiempo. No me arrepiento de haber me perdido amores de un rato. Porque yo no me arrepiento de haber crecido y pensado de un modo distinto. Y si volviera a tener 18 años, volvería a elegir alejarme de lo que todos hacían, no por ser distinto a ellos, no por sentirme especial o raro... No me arrepiento de la única forma en que yo se ser feliz.
domingo, 26 de mayo de 2013
Desidia
Que lento se mueve el reloj cuando quieres que avance, y que rápido cuando deseas detenerlo. Son días demasiado inútiles en mi vida. Cuando no tienes un "quehacer" que ocupe las horas todo se hace tedioso y aburrido. Y completo la agenda con huecos entre el comer, el dormir y el salir. El exceso de ocio acaba por no ser ocioso. Cuando estás hasta arriba deseas calma... pero yo estoy ya un poco hastiado de tanta calma. Se que aun queda para mis retos futuros. Sin ir mas lejos un larguísimo verano... extremadamente largo. Pronto empezará a hacer calor. Y solo de pensarlo me agobio. Voy cayendo en la desidia...
domingo, 19 de mayo de 2013
El mundo de los sentidos
Hablaba Platón hace mas de dos mil años de dos realidades, de dos mundos, de la dicotomía entre el mundo de las ideas y el de las apariencias. Y daba valor a las ideas por encima de la experiencia, por ser eterno e inalterable.
Era una teoría. Una cosmovisión por asi decirlo. Ha pasado algo de tiempo y los que estamos hoy aquí nos enfrentamos a este mundo. Y por desgracia no todos somos felices.
Manda la apariencia. Esto es así. El mundo esta hecho para el deleite estético. Para los sentidos. Las personas con frecuencia somos esclavos de nuestra primaria naturaleza y eso nos lleva a crear cánones, modas, realidades dentro de realidades, para disfrutar del placer corporal mas instintivo. Esa es la más cruda de las realidades. Nos movemos en torno a miles de personas, coincidimos en un bar con tipos diferentes, pero vemos aquel que llama a nuestros ojos. Buscamos un trabajo, y sabemos a priori que tendrá un plus aquel cuya apariencia agrade mas, el hombre alto y atlético de facciones varoniles y hermosa mirada; la mujer de generosas curvas sin reparos en mostrar y más maquillaje que realce su rostro...
Y eso es rastrero, pues dejamos en el tintero a personas válidas (en ocasiones más que los icónicos), inteligentes, agradables, curiosas, amables, trabajadoras, sinceras... Y lo que es peor... gente con sentimientos. Personas que no son culpables de no tener la talla o la estética canónica. Que nacen así, que nacemos así, con taras. Sin anatomías cinceladas a conciencia, con defectos por fuera...
Y lo triste es que esas taras de nacimiento marcan un devenir complicando la personalidad a lo largo de los años. Forjando derrotas, alimentando complejos y dolor frente al espejo. Nos hacen más débiles, susceptibles, irritables en ocasiones y altamente inseguros. Deforman quien somos y nos hacen quedar por debajo de quienes podríamos ser. Todo ello por asumir que en este mundo de los sentidos duele mucho ser feo. Y es la maldición que arrastra a miles de jóvenes a diversos trastornos de todo tipo, pero importante que eso... a la infelicidad.
Aprender a querernos como somos es el reto más difícil que alguien imperfecto puede soportar.
Era una teoría. Una cosmovisión por asi decirlo. Ha pasado algo de tiempo y los que estamos hoy aquí nos enfrentamos a este mundo. Y por desgracia no todos somos felices.
Manda la apariencia. Esto es así. El mundo esta hecho para el deleite estético. Para los sentidos. Las personas con frecuencia somos esclavos de nuestra primaria naturaleza y eso nos lleva a crear cánones, modas, realidades dentro de realidades, para disfrutar del placer corporal mas instintivo. Esa es la más cruda de las realidades. Nos movemos en torno a miles de personas, coincidimos en un bar con tipos diferentes, pero vemos aquel que llama a nuestros ojos. Buscamos un trabajo, y sabemos a priori que tendrá un plus aquel cuya apariencia agrade mas, el hombre alto y atlético de facciones varoniles y hermosa mirada; la mujer de generosas curvas sin reparos en mostrar y más maquillaje que realce su rostro...
Y eso es rastrero, pues dejamos en el tintero a personas válidas (en ocasiones más que los icónicos), inteligentes, agradables, curiosas, amables, trabajadoras, sinceras... Y lo que es peor... gente con sentimientos. Personas que no son culpables de no tener la talla o la estética canónica. Que nacen así, que nacemos así, con taras. Sin anatomías cinceladas a conciencia, con defectos por fuera...
Y lo triste es que esas taras de nacimiento marcan un devenir complicando la personalidad a lo largo de los años. Forjando derrotas, alimentando complejos y dolor frente al espejo. Nos hacen más débiles, susceptibles, irritables en ocasiones y altamente inseguros. Deforman quien somos y nos hacen quedar por debajo de quienes podríamos ser. Todo ello por asumir que en este mundo de los sentidos duele mucho ser feo. Y es la maldición que arrastra a miles de jóvenes a diversos trastornos de todo tipo, pero importante que eso... a la infelicidad.
Aprender a querernos como somos es el reto más difícil que alguien imperfecto puede soportar.
jueves, 16 de mayo de 2013
Luchar por crecer un poco más
Las cosas no salen como se planean. Y si ocurre así sería muy aburrido. Decía John Lennon que la vida es aquello que te pasa mientras te empeñas en hacer otros planes. Y no puedo estar mas de acuerdo con el. En el camino de mi vida, no imagine encontrarme estancado a mi edad, no al menos en la manera en que me encuentro.
Cubiertas distintas etapas vitales, con plenitud emocional y un nivel justo de madurez. Me encuentro que el mundo es un enjambre semiderruido donde las metas que tracé tiempo atrás son imposibles y seguirán siéndolo por tiempo. No se puede negar que la economía condiciona los modos de vida, la posibilidad de alcanzar objetivos, la necesidad de emanciparse... Todo eso en nuestro tiempo se antoja demasiado complicado.
Solo me quedaban dos opciones. O me sentaba a esperar... o hacia mas planes. Y no puedo no hacer lo segundo. No puedo quedarme quieto. Asi que toca meter la cabeza en un caldero de agua fría y crear opciones. Voy a darme una nueva oportunidad, de aprender cosas nuevas, de crearme otro futuro diferente que no esperaba hace una década. Voy a inventarme otro porvenir, aunque el tiempo sea quien ponga la semilla. Yo voy a luchar por crecer un poco más...
Cubiertas distintas etapas vitales, con plenitud emocional y un nivel justo de madurez. Me encuentro que el mundo es un enjambre semiderruido donde las metas que tracé tiempo atrás son imposibles y seguirán siéndolo por tiempo. No se puede negar que la economía condiciona los modos de vida, la posibilidad de alcanzar objetivos, la necesidad de emanciparse... Todo eso en nuestro tiempo se antoja demasiado complicado.
Solo me quedaban dos opciones. O me sentaba a esperar... o hacia mas planes. Y no puedo no hacer lo segundo. No puedo quedarme quieto. Asi que toca meter la cabeza en un caldero de agua fría y crear opciones. Voy a darme una nueva oportunidad, de aprender cosas nuevas, de crearme otro futuro diferente que no esperaba hace una década. Voy a inventarme otro porvenir, aunque el tiempo sea quien ponga la semilla. Yo voy a luchar por crecer un poco más...
sábado, 11 de mayo de 2013
Felicidad con tiritas
Se escapan los días, las semanas y los meses. Sin darme cuenta han huido los años por la ventana mientras distraído jugaba a dar pasos hacia delante. Y hace tiempo que observe en el espejo que el reloj empieza a ganar. Porque la vida no cesa, no se para. Y aunque lo pretenda no soy un niño. Pero entiendo a Peter Pan.
Hasta hoy me parecía otra fábula más. Otro cuento para niños. Pero casi sin saberlo ya no soy un niño, y el cuento se ve mas claro, mas nítido. La niñez, la juventud, la inocencia, la esperanza... Todos esos momentos en que no existe el miedo ni la desazón. Los momentos en los que este día es simplemente uno más, sin medirlo como una porción más de una vida, como un escalón. Y para mi ha llegado ese momento.
Cada paso que doy me tiemblan mas las rodillas, porque mi analítica forma de ver la realidad me convierte en un ser hiper-racional que busca sentido a cada instante. Y no hay. Pero la realidad no tiene señales, nosotros las creamos.
Del camino ha pasado un tercio, llega el momento de crecer de verdad, de afrontar retos que siempre resultaron lejanos, de ser adulto. Yo ya estoy aquí, donde las nubes no son de caramelo y algodón ni los ríos de fresa. Aquí ya todo es serio, aquí me toca conocer la felicidad con tiritas, que es la autentica felicidad.
Hasta hoy me parecía otra fábula más. Otro cuento para niños. Pero casi sin saberlo ya no soy un niño, y el cuento se ve mas claro, mas nítido. La niñez, la juventud, la inocencia, la esperanza... Todos esos momentos en que no existe el miedo ni la desazón. Los momentos en los que este día es simplemente uno más, sin medirlo como una porción más de una vida, como un escalón. Y para mi ha llegado ese momento.
Cada paso que doy me tiemblan mas las rodillas, porque mi analítica forma de ver la realidad me convierte en un ser hiper-racional que busca sentido a cada instante. Y no hay. Pero la realidad no tiene señales, nosotros las creamos.
Del camino ha pasado un tercio, llega el momento de crecer de verdad, de afrontar retos que siempre resultaron lejanos, de ser adulto. Yo ya estoy aquí, donde las nubes no son de caramelo y algodón ni los ríos de fresa. Aquí ya todo es serio, aquí me toca conocer la felicidad con tiritas, que es la autentica felicidad.
jueves, 9 de mayo de 2013
Tiempos sin pausa
Siento lastima de muchas cosas de este mundo. Pero sobretodo de mi, por no comprender esas cosas de este tiempo. Porque se acabó la hora de la sutileza, del encanto y el romance. Es mala época para soñar, ya no se lleva. No se estilan las miradas, las sonrisas cómplices y los pequeños detalles. Es raro desear un corazón, anhelar encontrar el alma y arder en deseo con latencia y espera. No puedes esconder, no puedes crear, no puedes sentir ilusión.
Hoy todo es ya. Y nada es corazón. El concepto de amor esta devaluado al nivel del simple experimento carnal, del juego rápido sin exceso de complicación. Del aquí estoy, esta noche es tuya... y mañana ya veremos. Enamorarse no es mas que jugar un juego de perfiles sin arriesgar, no pones nada, nada pierdes y nada ganas. Te quedas con lo que tu cuerpo consigue, no alimentas tu espíritu, no dibujas una vida, no necesitas una flor, ni un roce furtivo, ni un tintineo en tus rodillas. Solo una copa de alcohol, algo de oscuridad, y ya no existe ni el rubor. Se lleva el quererte hoy, llorarte mañana, engañarte y desengañarme en menos que canta el gallo. Pobres de los que me tildan de anticuado... Se necesita corazón para amar...
Hubo un tiempo en que todo era distinto. En que lo bonito era jugar, pero jugar a enamorarse. Jugar a dejar que lleguen al fondo de tu corazón y te desarmen. Sin miedo, al limite, hasta el final. Sin prisas. Devorando lentamente el reloj, saboreando cada golpe de sus agujas. Siendo esclavo de uno mismo. Del ansia contenida y el sincero sentimiento. Soñando con ser artista, con pintar aventuras que vivir, lugares donde entregarse por completo. Pero sintiendo. Sintiendo el roce de esos dedos al cruzarse sus manos, de sus labios esposados mutuamente y sus cuerpos encendiendo con pausa una hoguera junto al mar como un San Juan en pleno Invierno. De los pétalos, la luz de unas velas y el perfume de su pelo embriagando el divagar. De los inmensos paisajes, las largas caminatas y las conversaciones hasta el amanecer. Valiente de aquel que se enamora una sola vez y lucha por cada día revivir ese amor y llevarlo hasta la otra vida. Eran el tiempo de romanticismo, tiempo que para todos hoy es perdido...
Suerte la mía que no los entiendo, ni jamás los entenderé.
Hoy todo es ya. Y nada es corazón. El concepto de amor esta devaluado al nivel del simple experimento carnal, del juego rápido sin exceso de complicación. Del aquí estoy, esta noche es tuya... y mañana ya veremos. Enamorarse no es mas que jugar un juego de perfiles sin arriesgar, no pones nada, nada pierdes y nada ganas. Te quedas con lo que tu cuerpo consigue, no alimentas tu espíritu, no dibujas una vida, no necesitas una flor, ni un roce furtivo, ni un tintineo en tus rodillas. Solo una copa de alcohol, algo de oscuridad, y ya no existe ni el rubor. Se lleva el quererte hoy, llorarte mañana, engañarte y desengañarme en menos que canta el gallo. Pobres de los que me tildan de anticuado... Se necesita corazón para amar...
Hubo un tiempo en que todo era distinto. En que lo bonito era jugar, pero jugar a enamorarse. Jugar a dejar que lleguen al fondo de tu corazón y te desarmen. Sin miedo, al limite, hasta el final. Sin prisas. Devorando lentamente el reloj, saboreando cada golpe de sus agujas. Siendo esclavo de uno mismo. Del ansia contenida y el sincero sentimiento. Soñando con ser artista, con pintar aventuras que vivir, lugares donde entregarse por completo. Pero sintiendo. Sintiendo el roce de esos dedos al cruzarse sus manos, de sus labios esposados mutuamente y sus cuerpos encendiendo con pausa una hoguera junto al mar como un San Juan en pleno Invierno. De los pétalos, la luz de unas velas y el perfume de su pelo embriagando el divagar. De los inmensos paisajes, las largas caminatas y las conversaciones hasta el amanecer. Valiente de aquel que se enamora una sola vez y lucha por cada día revivir ese amor y llevarlo hasta la otra vida. Eran el tiempo de romanticismo, tiempo que para todos hoy es perdido...
Suerte la mía que no los entiendo, ni jamás los entenderé.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)